Los elementos fueron agrupados por distintas doctrinas de la antigüedad para explicar los patrones en la naturaleza y nuestra participación en ellos.
A los primitivos aire – agua – tierra -fuego de los griegos se desarrolla el concepto del éter como elemento invisible, celestial, inmutable que llena el universo imperceptible. Este quinto elemento también considerado como la “quintaesencia”, nosotros lo disociamos en este subsistema de los elementos, en energía femenina y energía masculina.

El cuarzo como sustancia resonante, captura y sigue vibrando con la frecuencia de la fuente que recibe. Así, el cuarzo de sol y el cuarzo de luna nos traen al sistema las energías masculina y femenina como polos equilibrantes a la energía de los elementos básicos de nuestra constitución. El séptimo elemento de nuestro subsistema es el amor, el más sutil de todos y el más fuerte, que hace centro, en la fuerza del acto procreacional.

La palma caranday que es a la vez el fundamento y sostén del subsistema núcleo emocional, toma este lugar entre los elementos, como síntesis gestáltica de la dinámica elemental.

Elemento 1: Cuarzo de luna

El éter es una sustancia primaria e invisible de la que está constituida la materia y contiene gran potencial de energía. El cuarzo recibe y almacena energía cargándose con la exposición a la luna en su fase de mayor vibración. La luna trae una energía que es fluida y receptiva siendo fuente de inspiración, enfoca los sentimientos ayuda a trascender los límites del “yo” para conectarse con los demás. El cuarzo de luna trae la energía de lo no manifestado, el reino de lo potencial. Nos trae un puente sutil hacia el interior nuestro, de los demás, y de todas las cosas.

Un elemento para tomar la ENERGÍA FEMENINA.

Elemento 2: Caracol (tierra)

Nos trae la energía del contacto con los sentidos físicos y la realidad del mundo material. Tiene fuerza de resistencia y persistencia. Nos adecua a la idea de ganarnos la vida, proveer las necesidades de la materialidad y persistir hasta alcanzar una meta. Nos trae la prudencia, la premeditación y nos vincula con el sentido práctico. El caracol terrestre se relaciona con su entorno, interactúa y produce con su casa a cuesta, que toma y construye de la tierra. Es emblema comunicacional, de la fertilidad y el crecimiento. Es uno de los símbolos ancestrales de todas las culturas por su belleza y forma de espiral. También es el símbolo más antiguo del hombre y de la dinámica de la vida.

Un elemento para tomar la TIERRA y la MATERIALIDAD.

Elemento 3: Cardumen (agua)

Nos trae la intuición y el contacto con nuestras propias emociones, armonizando con los matices, las sutilezas que otros no advierten. Es el elemento de la emoción profunda y una aceptación plena de la creación. Nos trae la adaptabilidad a los otros, la fluidez para el cambio y el proceso de ganar confianza. El agua y la fuerza del cardumen nos trae la novedad del nacimiento y la regeneración.

El movimiento del río, la persistencia de los peces que forman un ovalo abierto de receptividad, nos traen el fluir de la comunicación.

Un elemento para FLUIR con las EMOCIONES en equilibrio.

Elemento 4 – Número 43: Palma caranday (fuerza de amor)

Esta flor pertenece al sub-sistema de los elementos. Tiene la gran función de sostener el núcleo emocional como flor independiente y es en sí misma una Gestalt que nutre todo el sistema es un vehículo vibracional que replica la fuerza creadora generada en la unión de un hombre y una mujer para la concepción de nuestra vida. Es superior, incluso a la intención de las personas involucradas en ese encuentro íntimo. Esta energía sexual es energía creadora y es reabsorbida por nosotros y transmutada en energía vital.

Es una fuerza amorosa inconmensurable, que subsiste más allá de las circunstancias vividas, por este hombre y esta mujer -nuestros padres- en el momento de la fusión creacional y también más allá de la historia que acompaño este proceso de la vida en el seno materno y el momento de nacer. Esta energía es la fuerza vital que permanece en nuestro sistema familiar y constituye una verdadera fuente donde nutrirse, cuando deseamos alinearnos con la vida, el amor y nuestra ruta de viaje para la realización personal.

Una flor para tomar LA FUERZA del AMOR.

Elemento 5: Colmena (fuego)

Nos trae una energía radiante universal que es excitable, entusiasta, trayendo luz y color al mundo. Es la energía psíquica que fluye de manera inspirada llevando el espíritu y otorgando fuerza y fe en uno mismo. La colmena es el lugar de la transformación, se genera energía que viene del alimento, de las flores; el sol ya viene con ellas y en el proceso el fuego transforma, trayendo la luz y el calor necesario. La miel simboliza el “yo superior”, ultima consecuencia del trabajo interior sobre nosotros mismos. Es la energía de transformación de lo efímero en suculenta comida de inmortalidad.

Un elemento para TRANSFORMAR-MORIR Y RENACER.

Elemento 6: Colibrí (aire)

Nos trae la energía vital que se asocia con la respiración y con el “prana”. Trae el mundo de las ideas detrás del velo del mundo físico. La energía cósmica concretada en las pautas del pensamiento. Es una energía que nos enfoca en las ideas específicas que aún no se materializaron. El vuelo del colibrí simboliza estados espirituales y estados superiores del ser. Nos trae la inspiración ligada a funciones intelectuales. El aire en movimiento por los pájaros trae la energía de los soñadores, de las miradas que siembran y fecundan.

Un elemento para traernos ESTADOS DE CONCIENCIA.

Elemento 7: Cuarzo de sol

El éter es un elemento sutil que toma del sol la fuerza potencial de la materia. La energía masculina manifiesta exteriormente el mundo material. Nos trae el enfoque, el discernimiento y el poder de actuar. El cuarzo de sol nos trae la fuerza de ocupar un espacio propio y la energía de un “yo” con límites bien definidos. Nos trae la energía masculina de la manifestación y de la forma, nos permite experimentar esta realidad física.

Un elemento para tomar la ENERGÍA MASCULINA.

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