Las flores de la alegría nos traen un recurso fundamental, el “revoltijo” del entusiasmo, el silencio de una sonrisa, el sonido de la risa o el estruendo de una carcajada. No es un remedio antídoto contra la tristeza, es mucho más que eso. Es el porque sí de un campanario, que se encuentra con otro, sonando cerca o lejos, para crear una música de adviento.

Número 15: Mistol

Enojo con quien se ríe. Desvalorización de la alegría. Sentir que reírse, tomar las cosas con calma, con la frescura de los alegres, es cosa de irresponsables, conformistas, inconscientes. Un exceso mental ocuparse de las cosas, las dificultades. Ser adusto es un valor, no solo una característica personal que tiene que ver con la inseguridad para mostrarse. Ser alegre es para ingenuos o para débiles. Personas que sonríen con una mueca o largan una carcajada vacía, antojadiza, solo para mostrar seguridad y ponerse por encima del otro. Triunfador. Exitoso.

Es una flor para AFLOJARSE y bajarse del caballo de madera.

Número 16: Palo amarillo

Lo que me estoy perdiendo, lo que no puedo ser. La sensación de quedarme afuera de todos los juegos. Miro hacia afuera y todo es mejor, la vida de cada persona es mejor que la mía. Si no siento eso, es porque veo hombres y mujeres que rechazo, que juzgo malvados e indeseables. Otra manera de ver a los otros plenos y dichosos comparados

conmigo es sintiendo lastima, verlos en el otro extremo. La desesperación de sentir que se me va el tiempo, que todo tiene que ser ya porque si no lo pierdo.La idea clavada en el pecho, de que ya perdí mi tren.

Una flor para mover la cabeza diciendo que SI.

Número 17: Poinciana

Los gritos, la cólera. Todas las manifestaciones de violencia verbal que apropiándose de muchos momentos, cada vez más frecuentes; naturalizando una manera agresiva de vivir la cotidianeidad. Los gritos lastiman la interioridad como si fueran un arma que paraliza y que espanta. Que aleja o congela a los que están cerca y lo reciben directa o indirectamente. Es un canal equivoco del lenguaje que esconde el dolor. Levantar la voz hasta tapar la voz del otro. Gritar hasta ahogarse. Heridas de abusos en la niñez, maltrato, dinámicas de incesto. Amargura instalada desde siempre.

Una flor para DESCANSAR en una silenciosa sonrisa.

Número 18: Cactus de la Alegría: Quimila

Nos acompaña en un proceso de liberar la tristeza que anega nuestra vida y que termina “tragándonos” hacia abajo, a la depresión, a caminos sin salida. Nos interpela cuando tapamos tristeza o vacío con hiperactividad. Nos ayuda a recuperar el permiso para la alegría. Nos acompaña a liberarnos de la culpa y mandatos que no nos dejan vivir en paz. Angustia extrema. Ganas de morirse. Debilidad del corazón. Sentirse muerto. Dolor por pérdidas irreparables. Peligro de muerte. Falta de fuerzas. Bajar los brazos.

Es una flor que nos trae ALEGRÍA en el corazón.

Número 19: Zinnia

La inconformidad. Suele ser la bronca de todos los días que esconde el desconsuelo. Cada camino elegido en un entre comillas gigante va cercenando la vocación personal, el llamado de nosotros mismos que esta inteligentemente unido al del universo. El cuerpo físico y sobre todo el emocional se corroe con el ácido del conformismo, de la aceptación y nos invade una tristeza tan grande que se instala en el rostro, en la mirada y en la mueca de la cara. La cara larga y el silencio que da miedo.

Una flor para la CARCAJADA que hace doler la panza.

Número 20: Ligaria

Lo aburrido. No hay abulia más grande que aburrirnos de nosotros mismos.

Repetirnos, mentirnos y acostumbrarnos a nuestro “monigote” que de tanto exponerse se reconoce como propio. Lo mejor de nosotros sigue estando adentro, esperando; a veces impacientándose con los otros. Falta la novedad, el estallido, el entusiasmo y la fuerza. Cara de nada, rostro adusto que mide y controla los gestos.

Una flor para REÍRSE de uno mismo.

Número 21: Pomponia

Lo mustio. La base de mi árbol no tiene hojas frescas, no tiene brotes. Lo que hay esta mustio. Las raíces tienen hongos, mucho barro y poco sol. Una tristeza silenciosa casi inadvertida suele ser más dañina que la manifiesta. Ocuparse de todo, lo propio y lo de todos.

Tibieza en el sentido carente de calor y entusiasmo.

Exceso de responsabilidad en el trabajo, en las cosas de la casa, en los estudios académicos. Espalda doblada, cabeza gacha y cabello largo sin gracia, o corto sin forma.

Una flor para SONREÍR en paz.

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